Error de adición
En impresión, el fenómeno por el que la densidad de la suma de las tintas al sobreimprimir es menor que la suma de las densidades individuales.
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En impresión, el fenómeno por el que la densidad de la suma de las tintas al sobreimprimir es menor que la suma de las densidades individuales.
Un error que ocurre en el proceso de impresión de un documento PostScript y que ocasiona la interrupción de la impresión o la creación de un documento completamente incorrecto. Usualmente, los dispositivos de impresión suelen comunicar el error PostScript con un breve mensaje indicando (de forma muy oscura) la razón del error; por ejemplo: "Error PostScript Undefined, offending command Fontsave".
Hay en la Red algunos recursos para saber por donde suele andar la raiz del error, pero las más de las veces es que el documento es demasiado complejo para el ordenador que debe procesarlo, que contiene un defecto de sintaxis en su código PostScript o que falta algún elemento que no puede encontrar (como una fuente).
Si la razón no es evidente, encontrar la causa de un error PostScript es un trabajo difícil que se basa en ir descomponiendo el trabajo hasta dar con la causa del error.
En artes gráficas, la prueba de impresión que se hace de todo el pliego, una vez montado completo ya para su imposición. El ferro representa en forma de cuadernillo cómo debe quedar la sucesión de páginas de la publicación antes de grabar las planchas.
El fin de un ferro es una comprobación final del producto impreso para cotejar que todas las páginas están en el orden y posición adecuados; por ejemplo, que después de la página 3 va la 4 y no la 15, o que la 23 no está bocabajo.
En un ferro se debe comprobar que los pases de texto de una página a otra son correctos; es decir, que no se ha perdido ninguna línea o párrafo, o que las páginas no se han cambiado de orden. También se comprueba que los titulares y textos aislados (pies de foto y sumarios) son correctos y que no falta ninguna imagen o que alguna esté deformada.
Los ferros no sirven (o no se deben usar) para hacer correcciones de diseño "porque no ha quedado bien" ni hacer apreciaciones de color.
En la actualidad hay programas que hacen ferros digitales y permiten mucha flexibilidad y rapidez en la comprobación.
Su nombre "ferro" se debe a que en la época pre digital se hacían poniendo el astralón con la imposición de un pliego ya montada en una insoladora y exponiendo unas grandes hojas de papeles especiales en el que las imágenes y textos salían reproducidos en diferentes tonos de azul o marrón (debido a que ese papel era fotosensible ante la luz ultravioleta).
Una vez expuesto por ambos lados, el ferro se dobla y corta para que el cuadernillo se vieran montado tal y como debía salir impreso. Por eso la corrección de los ferros se ha hecho siempre por pliegos.
Es una prueba comparativamente barata para la seguridad que proporciona, especialmente en publicaciones como revistas.
La línea o filete más fino que un sistema de impresión es capaz de producir. No es muy conveniente usar esta definición dentro de un programa ya que si bien los filetes "ultrafinos" no dan problemas en las impresoras de oficina (y, de hecho, quedan bastante bien), en las filmadoras y grabadoras de planchas dan lugar a líneas tan finas que son irreproducibles y producen muchos quebraderos de cabeza.
Sistema de impresión en altorrelieve en el que la tinta se deposita sobre una plancha de material gomoso y flexible —de ahí su nombre de "flexo-grafía"—, que a su vez presiona directamente el sustrato imprimible, que suele ser papel, cartón o algún tipo de plástico y deja la mancha allí donde la plancha ha tocado la superficie.
Este sistema de impresión se conocía anteriormente como "impresión a la anilina" o "impresión con goma". Tras algunos intentos en Inglaterra, nació definitivamente en Francia a finales del siglo XIX como método para estampar envases y paquetes con prensas de tipografía en las que se sustituyeron las planchas usuales por otras a base de caucho.
Gracias al desarrollo de los tintes a la anilina, de gran colorido, y de materiales plásticos como el celofán, la impresión a la anilina tuvo una gran aplicación en el mundo de los envases de todo tipo. Despues de la II Guerra Mundial, las tintas de base alcohólica y acuosa fueron sustituyendo a las de anílina (que es tóxica) y el proceso pasó a denominarse "flexografía".
La aparición de sistemas entintadores de cámara (chambered systems), de planchas basadas en fotopolímeros (en lugar de las tradicionales de caucho), los avances en las tintas de base acuosa y el desarrollo de los cilindros anilox de cerámica mejoraron mucho este sistema de impresión, que en la actualidad ha sustituido casi por completo a la impresión tipográfica tradicional en trabajos de gran tirada.
La norma internacional referente a la flexografía es el estándar ISO 12647-6 (cuya tercera edición es de 2020).
En artes gráficas, una forma ya un poco anticuada de referise a un fondo de color continuo y liso hecho artificialmente, es decir: Un fondo que no es una fotografía o imagen real (aunque proceda de un dibujo), sino que se ha hecho rellenando con un color.
El Formato de Intercambio de color (en el original inglés Color Exchange Format (CXF)), es un formato de archivo creado en XML para servir como estándar en el intercambio de datos de color basados en procedimientos colorimétricos.
La idea es que para colores de marca no sea ya necesario acompañar los trabajos de muestras físicas (recortes, trozos de paquetes, etc.) que deben ser interpretados por los impresores para valorar que los resultados se ajustan a los colores corporativos contratados.
Con CxF esos colores y, lo que es más importante, su comportamiento esperado respecto a tintas, papeles y cartonajes, se incluyen dentro de archivos digitales (CxF) para proporcionar a usuarios y sistemas la información necesaria. Sus características principales son dos:
En su historia ha tenido cuatro niveles con sus distintas variantes:
La empresa GretagMacbeth (absorbida posteriormente por X-Rite) comenzó a desarrollar CxF hacia 2002 pero las primeras versiones no tuvieron mucho éxito.
La segunda versión (CxF2) pasó a basarse en una variante del lenguaje de marcas XML, similar a la que se usa para describir los metadatos de las imágenes.
El formato se consolidó en 2015 cuando la ISO adoptó esta tercera versión (creada hacia 2010) como estándar internacional.
La cuarta versión no se llamó CxF4, sino CxF/X, un cambio hecho con la idea de asimilar su nomenclatura a otros estándares de las artes gráficas como PDF/X. Su aparición fue un cambio de planteamientos y posibilidades importante, especialmente en lo referente a la descripción colorimétrica de la impresión de colores o tintas directas sobre distintos sustratos.
Aunque esta cuarta versión (CxF/X) tiene cuatro variantes, la idea es que el usuario normal sólo use sólo las variantes 1 y 4 para intercambiar datos de color (las versiones 2 y la 3 quedan reservadas para usos especializados):
Es básicamente el nivel anterior (CxF3). Admite la incorporación de datos de medición, pero no exige su presencia (ISO 17972-1).
Define la sintaxis y parámetros para las cartas de color de escáneres y cámaras (ISO 17972-2).
Define la sintaxis y parámetros para parches para calibración (ISO 17972-3).
Define la sintaxis y parámetros para la caracterización de datos de colores directos (ISO 17972-4). A diferencia de CxF/X-1, esta variante exige la inclusión de datos espectrales de medición. Tiene tres subvariantes:
CxF/X-4b: Es la subvariante más sencilla. Al medir una tinta o color, sólo es necesario medir un parche al 100%.

Básicamente, esto es casi lo mismo que se hacía hasta ahora para comunicar datos de color de una tinta directa (indicando simplemente los valores Lab).
CxF/X-4a: Esta subvariante intermedia añade novedades.

Es necesario incorporar los datos de medición espectral de al menos tres parches (aunque se recomiendan once) de 0% a 100% impresos sobre el sustrato (papel).
CxF/X-4: Es la subvariante más compleja y detallada.

Hay que medir los datos espectrales de dos tiras de porcentajes de al menos tres parches de 0 a 100% (se recomiendan once): Una sobre el sustrato y otra sobreimpresa con tinta negra. Esta última medición proporciona una información muy precisa sobre la opacidad de la tinta medida (que suele ser un color directo).
De momento, el uso de CxFX/X se limita a sectores especializados de medición del color y a segmentos comerciales como los colores de marca (brand colors) y embalajes (packaging) a través de herramientas de marcas como Esko, Oris, Pantone y algunas otras.
Las herramientas de creación usuales en el diseño gráfico (Adobe o Quark XPress) aún no aplican CxF de forma evidente para el usuario (o en absoluto), lo que puede ocurrir en un futuro de forma directa o a través de plugins de terceros (es de esperar que el uso de CxF sea cada vez más amplio).
En la época química y electroquímica de la preimpresión (entre mediados y finales del siglo XX), para grabar las planchas de una imprenta era necesario crear antes unas copias intermedias en película fotográfica de alto contraste (llamada 'litográfica'). Cada fotolito correspondía a una plancha de color y allí donde hubiera variaciones de intensidad, la película llevaba una trama que reflejaba en sus variacionas los cambios de intensidad de tono.
Cada una de esas películas era un fotolito. Los distintos fotolitos se imponían en grandes planchas llamadas astralones. Cada uno de esos astralones impuestos se usaba a su vez como gran imagen para grabar (por exposición a la luz, se insolaban) las distintas planchas de la imprenta.
Pero, antes de crear las planchas, se sacaban unas pruebas por contacto de los astralones (los llamados ferros), que se plegaban y cortaban para asegurarse que la sucesión de páginas (es decir, la imposición), era correcta.
Aunque la grabación directa de planchas desde el ordenador (CTP) y las pruebas digitales están arrinconando a los fotolitos, aún existen imprentas y fotomecánicas que siguen empleándolos. En serigrafía artesanal de textiles siguen vigentes.